Contemplar el atardecer puede poner fin a una gran jornada o ser el inicio de una noche mágica alrededor de la hoguera. Un atardecer también puede servir para sosegarse y recordar, cayendo el sol sobre el horizonte. Un atardecer sobre las montañas de Pai, en el noroeste de Tailandia, es un espectáculo que sirve para todo eso y más.
La pequeña localidad de Pai, cercana a la frontera con Birmania,
es un reducto, llamémoslo hippy, de jóvenes y no tan jóvenes occidentales que en este rincón encuentran ocio alternativo y, a menudo, también se encuentran a sí mismos. Frágiles cabañas de madera y bambú son el alojamiento de una tribu pseduo-urbanita formada por norteamericanos, europeos y australianos principalmente.
La jornada previa a cada atardecer se puede ocupar alquilando una motocicleta y recorriendo con ella las carreteras de montaña que envuelven el valle. El serpenteante recorrido llenará la jornada de paisajes, sonrisas locales y bocanadas de aire fresco para el ánimo de los visitantes. Pai no cuenta con suntuosos templos, pero sí con espacios para recrearse, como Om Garden Cafe o el fotografiado Coffee in Love, y enclaves naturales como el pequeño cañón de Pai. Los amigos de los elefantes tienen la oportunidad de ser mahouts por un día en Thom’s Pai Elephant Camp cabalgando sin silla y bañándose con los paquidermos. En pleno centro y hasta avanzada la noche es posible degustar repostería y cafés en Romance Market, diminuto y coqueto establecimiento cuyo propietario ¡de tan solo 23 años! abrió tras enamorarse de Pai.
«¿Cómo es posible que alguien tan joven montara este negocio?» -le pregunté.
«Porque era mi sueño» -respondió …y el sueño se hizo realidad y creció: meses después lo trasladó al nuevo y más grande Lemon Thyme Cafe, añadiendo a la oferta deliciosos desayunos y almuerzos.
Llegando, por fin, la hora del ocaso, el Pai Circus School, además de alojamiento y escuela de artes circenses, cuenta con las mejores vistas sobre el valle y el mejor escenario para disfrutar de la puesta de sol diaria. Tumbarse en uno de sus miradores en buena compañía durante el atardecer sosiega el ánimo y el corazón de cualquiera. El cambio de colores del paisaje antes y después de caer el astro rey es un espectáculo inigualable, soberbio, capaz de calmar los espíritus más inquietos. Confieso que el que suscribe disfrutó de ocho de estos atardeceres seguidos desde esta misma atalaya, y aun le parecieron pocos.
Una vez en la oscuridad de la noche, llegarán las conversaciones alrededor de la hoguera, las acrobacias con fuego de la escuela de circo y un cielo lleno de estrellas. What’s else?
Tip: Los manantiales termales Tha Pai, a 8 km en el Parque Nacional de Huai Nam Dang, emergen en unas lagunas con aguas que alcanzan los 80ºC. A esta temperatura se puede hervir un huevo… literalmente.
Es tradición entre los locales, ayudados con unas cestas, hervir huevos y degustarlos después acompañados con una salsa de pescado. El menú es básico, pero la diversión que supone cocinarlo está asegurada. Los 200 Bahts que cuesta la entrada al parque (poco más de 4 Euros) y los 50 Bahts que cuestan 4 huevos más una bolsita de salsa serán una excelente inversión, más recomendable aún con un baño a 39ºC durante el frescor de las primeras horas de la mañana.


