Los gélidos inviernos en Teruel invitan al recogimiento y a poco más que resguardarse del frio cerca de la chimenea. Pero durante el mes de febrero, alrededor de la celebración de San Valentín, hay cuatro días en los que la ciudad muestra todo el calor de sus habitantes y su lado más romántico. La leyenda (para unos) o historia (para otros) de los Amantes de Teruel se escenifica con un viaje al medievo protagonizado por los propios turolenses. Se trata de Las Bodas Isabel, una fiesta con mucho amor ♥
Diego de Marcilla, joven noble turolense, anhelaba casarse con su amada Isabel de Segura. La falta de recursos para cubrir la dote llevó al caballero a marchar a la guerra para lograr la forturna y fondos suficientes. Terminando los cinco años acordados sin haber regresado, la familia de Isabel organiza sus bodas con otro noble local, al que no amaba pero sus circunstancias le obligaban. El día posterior a ser desposada arriba Diego a Teruel, tan lento y torpe en su llagada como enamorado.
Desde 1996 Teruel se llena de jaimas, antorchas y decorados propios del siglo XIII por unos días conviviendo con las torres mudéjares de la ciudad. Pero son sus gentes ataviadas con trajes de la época las que transportan la ciudad ochocientos años atrás. Nobles, clérigos, artesanos o andrajosos pedigueños dan vida y color en un ambiente a la altura de las superproducciones de Hollywood. Y algo de cine hay pues durante las cuatro jornadas suman casi 80 actuaciones y representaciones programadas en escenarios al aire libre.
Las decenas de actores que participan en las representaciones son vecinos de Teruel que cada año se seleccionan y preparan con rigor. Si queréis participar en próximas ediciones mirad los muchos (curiosos) datos que se solicitaban en el casting de 2014.
La leyenda discurre trágica con el emocionante encuentro nocturno de los amantes en el balcón de ella. Es la escena más concurrida, en la Plaza del Torico, y tal vez la más emocionante: Isabel rechaza dar el beso que Diego pide. Él, despechado muere súbitamente; muerte de desamor, o de amor, según se vea.
El visitante disfruta del paseo entre aromas a viandas como el vino caliente, el afamado jamón turolense o los azafranes del Jiloca. Placeres que habrá que repartir a lo largo de la jornada pues las tentaciones asaltan en cada esquina y el frio de febrero se afronta mejor con esas calorías de más. Como postre, como regalo a esa persona amada, los besos de amante de la Confitería Muñoz. Irresistibles, el hechizo funcionará …al tiempo!
Durante el sepelio del caballero en la Iglesia de San Pedro una dama ataviada con una corona de azahares marchitos se acerca al difunto en medio del silencio. Inclinada sobre Diego, le besa, cayendo fulminada al instante. Era Isabel, respetuosa de su condición de esposa pero, por encima de todo, mujer que no pudiendo soportar el dolor se despide de su amado, entregándole el beso negado y quedándose con él por siempre.
El Mausoleo de los Amantes, guarda hoy la esencia de la leyenda. Con varias salas relativas al amor en general y a los amantes en particular, tiene como protagonista un excelente conjunto escultórico que contiene los restos de Diego e Isabel. Cuando vayáis, mirad la escultura con los cuerpos yermos de los amantes en mármol. Mirad sus manos y preguntaros si se tocan.
…los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él. O no.


Teruel siempre es una buena idea, por mucho que lo digan de París, la verdadera ciudad del amor es Teruel! 🙂